A mí, me aburre ir a ver teatro. Es más, casi no lo soporto. En primer lugar, casi siempre hay un personaje en la obra que me provoca saltar al escenario a actuar, cual jugador de fútbol en la banca mientras mira un partido. En segundo lugar soy una pésima “espectadora limeña”: me río fuera de tiempo, me río de nervios, lloro cuando me emociono a moco tendido, me da hambre, me da sed,  y cuando un buen monólogo o una escena potente me conmueven, necesito salir a fumar un cigarrillo para calmar el corazón y recuperar el coraje para entrar a disfrutar del Arte de Baco. Eso sí, apago mi teléfono y no como crocantes, es lo único que me salva.

He solucionado mi problema emotivo-ansioso-espacial sentándome cerca de la puerta de salida, como lo hace una colega amiga que sufre de ataques de pánico cuando es espectadora. Pero los actores están lejos, me siento aprisionada, como en una jaula, no me gusta eso del teatro, no me gusta nada, creo que la “etiqueta teatral” en Lima es sumamente estricta, y eso, espanta a un público latente que, por ejemplo, está mucho más acostumbrado a ir al cine. Y ser más libre.

A mí, lo que me gusta, es actuar, trabajar en la obra, estar allí. Y si no se puede, al menos me gusta sentirme a gusto. A veces, lo confieso, escondo una cerveza en la cartera (una no sabe si la obra será larga y aburrida). La abro cuando la música está alta, o en un apagón que no estorbe. Y soy feliz, viendo, en el Espíritu de Baco, el Arte de Baco. En mi segundo embarazo fui a un teatro cuando tenía cinco meses, a ver a una colega amiga actuar. Compré, antes de entrar, en la cafetería del teatro, unos sanguchitos riquísimos de petipán con pollo. Los metí en mi cartera y tras el apagón, zás, porque no te imaginas lo que son los antojos. Los sanguchitos eran silenciosos, pero grande fue mi sorpresa cuando una señorita me apuntó con su linterna y me recordó/obligó a no comer en el teatro. Lo hizo dos veces. A la tercera, sin clase alguna y con muchas hormonas de embarazada, le mostré mi expresivo dedo medio. Si el teatro es libertad

¿No debería haber cierta libertad en las salas de teatro?